Rosa candida

Para empezar, decir que el título original de la obra es “Afleggjarinn” y que al ser traducida al castellano ha perdido inevitablemente su polisemia original; cuenta la autora que esta palabra tiene “un total de tres significados: el primero de ellos es una carretera secundaria, un camino que cuenta con innumerables vueltas y revueltas y que no sabes demasiado bien adónde puede llevarte; el segundo de ellos es una flor, esta Rosa Candida que ha sido elegida como título en castellano, y por último también es así como se le llama a un niño que es hijo tuyo”.
Cualquiera de las tres acepciones hubiera sido correcta y definitoria de la obra.

La obra relata los acontecimientos y experiencias que vive el joven Arnljótur, Lobbi como lo llama su padre, desde el día que emprende un largo viaje dejando atrás el dolor de la pérdida de su madre, fallecida en accidente de tráfico, a su hermano gemelo autista, a su padre octogenario, a Anna y a su hija Flora Sol, concebida por azar en el invernadero de su madre, y los paisajes crepusculares de montañas de lava cubiertas de líquenes del “malpaís”, como él mismo lo define.

“Claro que así tengo tiempo para pensar en mis cosas, como dice papá; entiéndaseme, no es que espere haber llegado a ninguna conclusión al final de los mil seiscientos cincuenta y cuatro kilómetros”.

Arnljótur trata de encontrar el famoso jardín de un viejo monasterio, el lugar donde podrá cumplir uno de sus sueños: devolverle su esplendor y cultivar en él la rosa candida, una especie de rosa casi extinta de ocho pétalos y sin espinas que su madre y él cultivaban en el invernadero de la familia.

“No se llega demasiado lejos con los sueños, mi querido Lobbi”, diría papá.

“Hay que seguir los propios sueños”, habría dicho mamá.

De camino hacia ese destino, Arnljótur está, sin saberlo, iniciando un viaje en busca de sí mismo, y del amor perdido. Descubrirá sucesivamente la enfermedad, la amistad, la hospitalidad, la generosidad,  el trabajo, la paternidad, la familia y por último…

“Está bien claro que el día de mi muerte será un día de alegría para muchos habitantes de este mundo, pues antes de la puesta de sol habrán nacido incontables niños para sustituirme, y se habrán  celebrado una infinidad de bodas.”

Deja atrás aeropuertos, hospitales y carreteras en los que siempre encuentra, mujeres que lo ayudan, lo cuidan y protegen. Mujeres en tránsito que mantienen vivo el recuerdo de su madre.

“Siento que mamá está empezando a desaparecer, me da tanto miedo no poder recordarlo todo dentro de poco.

Para prolongar su existencia, estoy siempre descubriendo algo nuevo sobre ella, cada vez que recuerdo algo acumulo información nueva  sobre algo que antes desconocía”

Auður Ava Ólafsdóttir hace coincidir en un mismo papel al protagonista y al narrador, lo que, según Laura Freixas es el recurso más apropiado “para expresar con espontaneidad, intimidad y capacidad de inmediata comunicación, los sentimientos del personaje”, permitiendo entrar en la mente del joven Lobbi que en cada hecho descubre un aprendizaje y no un problema, que no entiende a las mujeres pero sabe que puede llegar a amarlas, y que busca para ser feliz hacer lo que realmente quiere.

Uno de los pocos casos en la historia de la literatura en el que una escritora define el camino personal de un hombre para descubrir su verdadera identidad, su lugar en el mundo, y establece un referente de lo que entiende deberían ser las nuevas masculinidades.

La obra trata el tema de la maternidad, y fundamentalmente la paternidad, de una forma nueva, sin los prejuicios patriarcales habituales y estableciendo una ruptura con el cliché masculino establecido.

“Los padres son tanto o más importantes que las madres, si se dieran cuenta de ello tendríamos un mundo mejor… Aquí sabemos de eso: los vikingos dejaban a sus familias para ir a robar y violar, destrozaban hogares y luego volvían al suyo a descansar… Mi libro es una oda al hombre, a la nueva masculinidad; es totalmente antivikingo”, expresa la autora en una entrevista concedida a El País.

El camino del crecimiento personal de Lobbi se enmarca en la vivencia de su paternidad; cómo los acontecimientos que la vida le presenta le hacen modificar su conducta: ¿la influencia de su madre le ha configurado una personalidad demasiado femenina para ser hombre? ¿su responsabilidad le debe obligar a asumir una paternidad no deseada?¿se siente demasiado autónomo como para formar una familia?

“¿No te creaba problemas de niño tu afición por las flores?” pregunta la madre de su hija.

“Como era el mejor jugando al fútbol no se metían conmigo”, miente Lobbi.

¿En qué momento y de qué manera se convierte un hombre en padre? ¿cuándo se lo comunican? ¿cuándo ve por primera vez a su hijo o hija? ¿cuándo se relaciona con ella? ¿tan diferente es la vivencia de un padre o de una madre que les condiciona la vida de diferentes maneras?

Nuestro protagonista vive momentos muy diferenciados:

  • Comunicación:      “¿Tenía que decirle que lo sentía, que lamentaba haberla invitado a ver las  tomateras del invernadero y pedirle perdón por no haber tomado medidas  para impedir que ahora estuviese embarazada? ¿Tal vez esto la heriría? ¿O tendría que decirle que no pensaba rehuir la responsabilidad del niño que  estaba creciendo en su interior, me gustara o no me gustara?
  • Nacimiento:      “Luego me incliné sobre la niña y la levanté con mucho cuidado, no pesaba nada, con su pelele de felpa, y me tumbé lentamente sobre la almohada del sofá, la niña en brazos, la coloqué lo mejor que pude encima de mi vientre y la cubrí con la manta. Tenía las piernas recogidas, en posición fetal, y tiré suavemente de uno de los pies y luego del otro, y entonces mi hija estiró ella sola una pierna y yo la noté en mi ombligo. Aunque intenté respirar superficialmente, la niña se movía arriba y abajo, como si estuviera en un colchón de goma mecido por el agua, le acaricié suavemente la espalda hasta que se durmió, yo tuve todo el cuidado del mundo para no quedarme dormido”.
  • Convivencia: “Sus padres la miramos orgullosos, en mi mente me estoy transformando en padre  de un bebé. Su madre me sonríe. Así comienza mi nueva vida, así se crea la  realidad”.

La maternidad o la paternidad no son asignaturas que traigamos aprobadas de serie. Si, como decía Simone de Beauvoir, no se nace mujer sino que se aprende a serlo, ¿cómo no vamos a tener que aprender a ser madres y padres?

Si a esto le añadimos que  todas las personas, hombres o mujeres, tenemos nuestros sueños particulares que debemos perseguir y respetar independientemente de ser madres o padres, no es honesto que se hagan valoraciones sobre las soluciones que cada persona-s adopten para la educación de sus hijos o hijas.

La novela, escrita en cortos capítulos, nos ofrece una historia  bien narrada, en la que hasta las experiencias negativas están tratadas con naturalidad y sosiego, una buena dosis de optimismo, que no es poco en los tiempos que corren, y una reflexión sobre lo importante que sería la observación de nuestro entorno: muchas veces las soluciones a nuestros problemas están más cerca de lo que pensamos.

¿Podría una educación adecuada formar personas libres y solidarias, sin los prejuicios que impone la cultura patriarcal?

Auður Ava Ólafsdóttir (1958). Estudió Historia del Arte en París. Actualmente trabaja como profesora asistente de Historia del Arte en la Universidad de Islandia y dirige el Museo de la Universidad. Rosa candida es su tercera novela tras Upphækkuð jörð (Tierra levantada) en 1998, y Rigning í nóvember (Lluvia de noviembre) en 2004, con la que obtuvo el Premio de Literatura de la ciudad de Reykjavík. Rosa Candida ha logrado un gran éxito y una nutrida cosecha de premios: el Premio Menningarverđlaun DV 2008, Premio Fjöruverđlaun 2008, Premio Page des Libraires 2010 a la mejor novela europea, Premio de los libreros de Québec 2011 a la mejor novela extranjera, Prix des Amis du Scribe 2011.

**** Por si ya quieres empezar a leer …

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