Las hermanas

Relato corto, habitual en este autor, que se publica por primera vez en 1937.

La “leyenda de las dos hermanas iguales-desiguales”, como la describe el mismo Zweig en su texto, plantea la dificultad-sencillez de los sentimientos más íntimos y el impacto de nuestros actos en quienes nos miran, como para dejar huella.

Es posible también interpretar esta obra como la dualidad de sentimientos que conviven en una persona y la lucha permanente por hacer aflorar lo que socialmente se considera positivo; sobre todo, si tenemos en cuenta la definición que del autor hace Friderike von Winternitz, su primera esposa, en su libro de memorias “Destellos de vida”, como un hombre acosado por confusiones interiores y hasta con cierto trastorno bipolar.

De muy fácil lectura, con una prosa cercana y sencilla, pero de gran profundidad, nos describe distintas formas de enfrentar la misma situación, la fortaleza de las convicciones personales y la sorprendente resolución, que no siempre es la que nos habíamos planteado, ¿el destino?

Zweig hace acopio de los estereotipos para definir a hombres y mujeres: las dos hermanas gemelas, Helena y Sophia, han heredado la belleza de su madre y la ambición y el afán de dominio de su padre, “asolaban y afligían sus días con una envidia mutua, constante e incendiaria”.

Para salir de lo que consideran una existencia indigna, Helena comercia con su cuerpo y se gana la enemistad de las mujeres; Sophia utiliza lo que su hermana “ha desperdiciado”, la virginidad, y se gana la admiración de las mujeres.

En este sentido, podemos leer textualmente: “Pero aquellas dos ambiciosas, en lugar de contentarse como hermanas y de conformarse con el hecho de que una fuera la más rica de la ciudad y la otra la más pura, estando ambas rodeadas de admiración o de honor, el corazón les palpitaba con violencia pensando cómo podían perjudicar a la otra”.

Esta actitud entre mujeres es una de las bases que la sociedad patriarcal ha tenido, y tiene, para seguir insistiendo en que el mayor enemigo de una mujer es otra mujer; conducta estereotipada que nos lleva a la dificultad de formar grupo para defender los mismos objetivos, a la vez que a sentirnos culpables.

En cambio, a los hombres los define como grupo, con los mismos conflictos e intereses, y con responsabilidad externa de sus comportamientos en referencia a las mujeres: “Los jóvenes soñaban con el cuerpo intangible al ver a la que se vendía y, por otro lado, contemplaban a la devota samaritana con la mirada pecaminosa del deseo sexual. Pues de alguna manera el Creador ha dispuesto los sentidos de los hombres de forma enrevesada, de modo que su deseo por las mujeres reclama siempre lo contrario de lo que ellas conceden”.

Parece que Stefan Zweig nos presenta a las mujeres como dueñas de su propio destino y a los hombres sometidos y dirigidos.

Pero … las cosas no son exactamente lo que parecen.

Carmen Gómez

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