Espejito, espejito …

Siéntate a leer

– Espejito, espejito, ¿Quieres contarme qué ves cuando me miras? 

– De verdad, de verdad ¿quieres saberlo? Acuérdate del cuento, esta vez no estoy dispuesto a contar solamente lo que quieras escuchar; además, tendrás que ayudarme porque hace algún tiempo que te he perdido la pista y no siempre te entiendo; aunque me temo mucho que a ti también te está pasando lo mismo ultimamente.

Carla se queda pensativa, pero en estos momentos necesita de alguien que la refuerce en sus comportamientos y le enseñe el camino del cambio.

– No quiero que me engañes, pero trátame con un poquito de cariño, haz por entenderme.

– Vamos a hacerlo de forma diferente, contesta el espejito. Esta vez tú vas a hablar y yo voy a escuchar; solo si mientes o exageras algo, bueno o malo, intervendré para darte mi opinión.

– De acuerdo, pero me siento como si estuviera en la consulta de mi psicóloga, contesta Carla.

– Perfecto, vas a tener mucho trabajo adelantado.

Carla observa y se pregunta, ¿realmente soy yo esa que se refleja en el espejo? Me cuesta mucho pensar, y sobre todo asumir, que soy ya una mujer de 55 años, que ha pasado tanto tiempo desde aquella vez que también me miraba y decidí yo misma cortarme el flequillo y quedó demasiado corto porque no era capaz de igualarmelo.

El espejo refleja las arrugas y las canas del paso del tiempo que, dicen, hay que mirar con satisfacción porque son la señal de la suerte de permanecer en este mundo más que otras personas disfrutando de la vida; pero no, yo me empeño en mantener mi pesimismo, y sólo veo que el tiempo cada vez es más corto y es imposible pararlo, ni siquiera un segundo puede detenerse. ¿Para qué quiero que se detenga si la solución es aprovecharlo?

Sí, la verdad Carla es que has engordado, piensa. No es que hayas sido nunca una mujer delgada, pero en otros momentos atendías más a tu imagen personal, no solucionabas tus problemas con la comida, aunque siempre te ha gustado comer, especialmente dulces. Bueno, a partir de mañana comenzaré  a comer bien y a hacer un poco de ejercicio, me vendrá bien.

¡Qué bien se madruga por la noche!, me decía siempre mi padre. ¿Te acuerdas, espejito? Siempre me pasa lo mismo, y lo peor es que se lo he transmitido a mi hijo: grandes planes y proyectos que luego me cuesta tanto poner en marcha que muchas veces ni siquiera lo hago, siempre para el día siguiente.

Dicen que trabajo mejor bajo presión, cuando se acaba el tiempo y no cabe el aplazamiento.

¿Por qué esto? Siempre pensando que no estoy satisfecha con mi vida, que quiero cambiarla, pero nunca con la fuerza suficiente para dar el salto.

¿Será el miedo al fracaso, al ridículo? ¿Será este perfeccionismo mío, que de ser una cualidad se convierte en un defecto? Nunca me parece que están bien hechas las cosas, siempre encuentro algo que necesita retocarse; siempe con un alto nivel de exigencia que no me deja disfrutar, sin dar nada por concluido.

¡Claro que todo es mejorable!, pero no todo está mal hecho. Es bueno tratar de analizar con objetividad y encontrar los defectos para mejorar, pero también es bueno y motivador para el futuro ver las cosas positivas y apoyarnos en ellas para seguir avanzando.

– Bueno, bueno, párate un poco Carla, le alerta el espejito. Es verdad lo que dices, pero no te lances. Con razón hay quien te dice que te gusta mucho una tragedia y ver siempre el lado negativo de las cosas.

– Tienes razón, pero este nivel de exigencia y de perfeccionismo me lleva a tener problemas con mis equipos de trabajo porque me cuesta mucho trabajo delegar; siempre tengo la necesidad de revisar todo porque pienso que algo se les va a escapar.

Bueno, Carla vuelve a lo suyo, nunca me ha demostrado nadie que trabaje mal conmigo; es verdad que soy exigente y llevo la responsabilidad al más alto grado, pero también es cierto que para mí son importantes las personas que trabajan conmigo, me importan. Estoy pendiente de qué les pasa en sus vidas, cuáles son sus preocupaciones, qué les inquieta. Y lo cierto es que me definen como una persona que sabe escuchar, lo que me parece muy importante.GatoEspejo

Sí hay una cosa que echo de menos, antes era más alegre, más divertida. Con el paso del tiempo, tengo que intentar solucionarlo, no encuentro chispa a la vida, cada vez me divierten menos cosas; no soy capaz de disfrutar con lo que habitualmente nos pasa a las personas y esto sí que es una tragedia porque los grandes acontecimientos son muy escasos; y, en cualquier caso, tendría que salir a buscarlos, no sentarme a esperar que llamen a mi puerta.

Está bien, está bien, Carla; pero, ahora déjame a mí que voy a contarte lo que me gusta de ti, porque tú sólo piensas en lo negativo.

Me gustas porque eres una persona solidaria; porque los pilares más importantes en tu vida son tu familia y tus amigas y amigos, aunque a veces seas un poco perezosa para comunicarte con ellos; porque no eres ni egoísta ni le das importancia a la parte material de la vida.

Me gusta que seas capaz de ilusionarte con los nuevos proyectos, con la creación, aunque después seas muy inconstante para mantenerlos.

Pero, sobre todo, me gusta tu permanente interés por aprender y por haberte lanzado a escribir, después de tanto tiempo pensándolo

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