La escapada

Hoy no es un buen día para María; necesita ya unas vacaciones porque ya en julio las fuerzas empiezan a faltarle; le ilusiona el viaje con Carmen pero no está muy de acuerdo con que se sume Ana, vecina de María, a la que no conoce mucho todavía pero que, tal como se la presenta su amiga, debe ser casi, casi, inmejorable

No puede mantenerse en calma con la cantidad de tareas que aún quedan por cerrar y el tiempo que se echa encima.

María, entra su jefe en el despacho, necesito que los presupuestos estén finalizados para mañana; voy a convocar al consejo de administración para el lunes a las 10 de la mañana y debemos enviar la documentación el miércoles sin falta.

– Te aseguro que estoy haciendo hasta lo imposible, le contesta. No te preocupes que tendrás toda la documentación a tiempo. Pero cuando esto termine, me vas a permitir que convoque a todo el equipo y tratemos con la calma suficiente y la necesaria seriedad todos los problemas que estamos teniendo para lograr un auténtico trabajo de equipo. Si seguimos así, estamos perdiendo los valores que tienen individualmente pero que no son capaces de ponerlos al servicio del grupo.

– Está bien; haz lo que estimes conveniente, pero siempre una vez terminada la tarea que en estos momentos tenemos encomendada y que es la base para mantenernos como grupo, o como lo que seamos ahora. ¿De acuerdo?

María sale de su despacho y se dirige a tomar un café. Son ya las once y aún no ha desayunado, necesita recuperar fuerzas y llamar a Carmen para confirmar su cita de hoy.

– Carmen, ¿cómo estás? ¿me puedes atender?

– ¡Hola, María! Para estar casi al comienzo de la mañana, ya te escucho como si fueran las diez de la noche, ¿me equivoco? Amiga, tú nunca vas a aprender, cada vez te hacen menos efecto nuestras charlas, sigues pensando que eres la reencarnación de Juana de Arco, tú solita vas a cambiar el mundo. Supongo que no me estarás llamando para posponer nuestra cita, tenemos mucho que hablar…

 – ¡No empieces de nuevo: que si soy perfeccionista, que si no sé delegar, que me relaje, que el mundo no se acaba, que estás por asegurar que va a ser capaz de seguir cuando ya no esté y bla, bla, bla…! Si no fuera porque sé que me quieres, te aseguro que hace ya tiempo que ni te hablaba. ¿Tú, cómo estás? ¿Has resuelto ya el itinerario de nuestra “escapada”? ¿Sigues convencida de que Ana nos acompañe? ¿Cómo se resolvió el día de huelga en tu empresa?

– María, !para ya tu interrogatorio! ¿No tienes suficiente con lo tuyo? ¡Eres incorregible! Nos vemos esta noche a las nueve en mi casa y te cuento. Besos

Carmen y María se conocen desde hace casi diez años; coincidieron en un curso, enviadas por sus empresas, para formarse en la elaboración de Planes de Igualdad, al que no llegaron con la misma motivación y que provocó que tuvieran algún desacuerdo.

Para Carmen, la Igualdad entre mujeres y hombres es uno de los motores que impulsan su vida; en cambio, para María era necesario adquirir los conocimientos suficientes porque en su empresa era obligatorio ponerlo en marcha según la Ley y, aunque se contrataría a un equipo de profesionales… ella siempre necesita saber de lo que se habla. Aquel grupo le modificó su manera de ver la situación de las mujeres en el mundo laboral.

Carmen siente que los años la están cambiando, que cada vez se enfrenta peor a la incertidumbre del futuro. Siempre le han apasionado los retos de lo “casi imposible”, hay quien la define como “incombustible”, pero en esta ocasión está siendo todo demasiado difícil. Necesita alejarse de su cotidianeidad, de la escucha permanente de noticias, por eso cuando María le propuso que organizara una escapada de cuatro días, le hizo mucha ilusión y rápidamente se puso a ello.

Aunque nunca lo había pensado, eligió dedicarse a la política cuando se lo propusieron porque se le presentaba la oportunidad de poder realizar las cosas en las que siempre había creído. ¡Podía cambiar algunas cosas, podía crear nuevos proyectos, iba a poner en marcha el área de Igualdad en su ciudad! ¡No podía negarse! Y no se negó y consiguió cosas interesantes en compañía de muchas mujeres, con las que mantiene relaciones de amistad.

– Ana, soy Carmen ¿Cómo estás hoy? ¿Te apetece que comamos juntas?

– No sabes cómo te lo agradezco, esta mañana he vuelto a discutir con Jorge. Te aseguro que no era mi intención, todo lo contrario. Necesito encontrar una salida a esta situación, es absurdo que sigamos haciéndonos daño. Los dos estamos sufriendo. ¿Te parece que comamos un arroz en La Tasca? Nos vemos a las tres.

Ana sabe que tiene que dar una solución definitiva a su vida de pareja, pero la atenaza el miedo a la soledad, a empezar una nueva vida, a no ver a Jorge todos los días. ¿Será capaz? Cuando habla con Carmen siente que es posible, su experiencia se lo demuestra. Siempre es preferible acabar una relación antes de que el daño sea irreparable. ¡Qué fácil es la teoría y qué difícil ponerlo en práctica! ¿Por qué se evoluciona por caminos tan distintos? ¿Qué ha ocurrido para que a veces ni siquiera se reconozcan?

No puedo seguir recordando los momentos felices, se regaña Ana. Ahora no somos felices, es cierto que lo fuimos pero no se puede vivir de recuerdos permanentemente. Si la vida me ha dado la oportunidad de encontrarme con María y Carmen, voy a aprovecharlo y apoyándome en ellas, en su fuerza, voy a tomar la decisión más difícil de mi vida. Le voy a decir a Jorge que debemos separarnos, que estamos en la obligación de darnos otra oportunidad.

¡Menos mal que han llegado, unos minutos más y pierden el tren! Carmen siempre igual, por mucho que planifica sus viajes nunca consigue calcular bien las horas, nunca cuenta con que no sólo está ella en la calle.

Es el tercer viaje que hacen juntas, esta vez las espera Pamplona y San Fermín. La primera vez fueron a Barcelona y tuvieron que esforzarse para que la convivencia no estropeara la ilusión y la necesidad de alejarse de sus vidas diarias. Lo consiguieron y, a pesar de ser tan distintas, han conseguido tejer una red de amistad que las hace indestructibles y envidiables.

La vida es muy distinta para cualquiera de las tres, casi ni se reconocen cuando  recuerdan sus principios. Han reído y llorado juntas, han experimentado la “sororidad” y esto les ha permitido enfrentar sus vidas en la convicción de que la amistad es un sentimiento que ayuda a crecer y a confiar en que las personas tienen capacidades suficientes como para hacer de este mundo un espacio más agradable.

El final de esta historia aún está por escribir; María, Ana y Carmen trazan su camino todos los días y comienzan a andarlo sin miedo a lo que encuentren porque si algo tienen seguro es que siempre van a encontrarse sus miradas.

Carmen Gómez

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